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Revolución de Mayo

Domingo 24 de mayo
Concepto: Vinos Criollos - Rev de Mayo

El concepto


Mañana es 25 de mayo. Revolución de Mayo, esa que en 1810 arrancó todo. Y nos pareció el momento justo para brindar por otra revolución, una más callada, que está pasando ahora mismo en el vino argentino.


Durante años hubo cepas que hicieron este país y que después dejamos de lado, en favor del progreso y la modernidad. La historia del vino argentino no arranca con el malbec. Las criollas que trajeron los españoles, las tintas que trajeron los italianos, las que crecían en los parrales de los abuelos y terminaban en damajuana. Las uvas "sin prestigio".


Hoy hay un grupo de productores que las está volviendo a poner en valor. Salen a buscar viñas viejas. De 70, 80, casi 100 años, plantadas a pie franco. Que están ahí, perdidas en la montaña, y que tenían un montón para contar de nuestra historia.


De eso va esta experiencia. De volver al origen. De las uvas que somos.


Las cepas de la noche


Cuatro cepas que son, en el fondo, una forma de volver a casa. Salud por la revolución!


  • Criolla Grande. La trajeron los colonizadores españoles y durante siglos fue la reina del vino de mesa: alto rendimiento, poco glamour, la uva "de litro". Siempre estuvo asociada al vino de mesa; no existían vinos de calidad hechos con este varietal. Hoy se la reivindica por lo que siempre tuvo y nadie miraba: frescura, liviandad, identidad. Es, literalmente, parte de nuestros orígenes.

  • Balsamina. Acá la cosa se pone linda. La balsamina (también le dicen "uva rara") es una de las viejas tintas que trajeron los inmigrantes italianos del Piemonte y de Saboya, y que quedaron coplantadas en los parrales viejos. No es una criolla "de manual", pero es pura identidad: el rastro italiano metido en una viña sanjuanina.

  • Torrontés.. La más nuestra de todas. Nació del cruce entre la Moscatel de Alejandría y la criolla chica (la Listán Prieto que trajeron los españoles). No existe en ningún otro lado del mundo: ADN argentino puro.

  • Y después está el Malbec, la cara conocida, la que no necesita presentación. Pero ojo, porque el que vamos a tomar también es un Malbec rebelde (ya te vas a enterar por qué).


Los productores


Matías Michelini


Si hay alguien que encarna la palabra "revolución" en el vino argentino, es Mati. En 2009 se cansó de hacer los vinos que le gustaban a Estados Unidos y a Inglaterra, y empezó a hacer lo que en Argentina no se hacía: vinos de bajo alcohol, sin filtrar, naranjos, con técnicas ancestrales que ya nadie usaba. A esa línea la llamó, no por casualidad, Vía Revolucionaria.


Su búsqueda siempre fue la misma: viñas viejas de abuelos que todavía las regaban, plantas de 50, 70, 80 años que tenían algo para contar. Vinos que cuenten algo. Su filosofía, dicha por él, es cómo ser feliz con menos.


De Mati vamos a tomar dos:


  • Vía Revolucionaria · La C. Grande 2024 — 100% Criolla Grande La criolla de la noche. Viene de un viñedo orgánico de Tupungato plantado allá por 1950, fermentada en huevos de cemento. Es el homenaje de Mati a la uva más humilde y más nuestra, con una mirada fresca y moderna.


  • Esperando a los Bárbaros 2024 — 100% Malbec El Malbec rebelde que te anticipaba. El nombre viene del poema "Esperando a los bárbaros", de Kavafis, donde toda una ciudad espera a unos bárbaros que nunca llegan, y al final esos bárbaros eran una especie de solución, la savia que iba a revitalizar un mundo en decadencia. Mati le da la vuelta: en su etiqueta el bárbaro es un gaucho, símbolo de valentía y libertad. Animarse a ser el bárbaro, a romper con lo establecido. Es un Malbec de Gualtallary, de altura (1.400 m), fermentado en huevo de cemento, sin madera pesada: fresco y elegante.


Finca Pastorelli


Hilario es un pueblito de Calingasta, San Juan, de no más de 20 familias, al borde del Río Los Patos, rodeado de montañas. Ahí, la familia Pastorelli cuida unos parrales que van rumbo a los 100 años. Durante años le vendieron la uva a otros, hasta que Fran, Francisco Cruz Pastorelli, nieto del fundador, sommelier y agrónomo, decidió dar un paso más y hacer el vino propio de la familia, el orgullo de la casa.


Así nació Viñas Viejas de Hilario: una producción chiquita, natural, sin químicos. Pura identidad.


  • Viñas Viejas de Hilario 2025 — 100% Torrontés De un parral plantado en 1970, a pie franco, a 1.500 m. Fermentación espontánea con levaduras nativas y maceración con pieles: o sea, un Torrontés con textura, distinto al floral de siempre.


CaraSur


Esta historia es de las que nos encantan. Cara Sur es el proyecto de Pancho Bugallo y Sebastián Zuccardi, dos amigos agrónomos fanáticos de la montaña. El nombre viene de una noche de 2006 en que escalaban la cara sur del Mercedario, los agarró una tormenta y se quedaron toda la noche colgados en la pared. Sobrevivieron. Y le pusieron ese nombre al proyecto.


Pancho volvió a su Barreal natal, San Juan, y se encontró un tesoro escondido: las viñas viejas del Paraje Hilario. Parrales perdidos que se cosechaban apenas 5 días al año para vino a granel; ahí no se hacía vino propio, y ellos lo cambiaron. Fueron de los primeros en animarse a la uva criolla, antes del auge que tiene hoy. Trabajan sin agroquímicos, a la vieja usanza.


  • Rosado 2024 · Paraje Hilario — field blend de tintas viejas (Balsamina, Bonarda, Barbera, Greco Nero y más) Fue el primer vino que hicieron sin pieles. Un rosado pensado desde la viña, que rescata esas viejas tintas italianas coplantadas en los parrales de Hilario. Fermentación espontánea en hormigón, sin filtrar. Apenas 2.400 botellas.



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